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ACOM, la tapadera de Israel que amenaza la soberanía local en nuestro país

ACOM, la tapadera de Israel que amenaza la soberanía local en nuestro país

Artículo publicado en Rebelión: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=216327 Hace unos meses, la periodista Teresa Aranguren, en una charla organizada por la Asociación Al-Quds en Málaga, decía que hay versiones elaboradas para falsear los hechos, para ocultarlos, para justificarlos y que además de falsas, si éstas cuentan con medios suficientes, pueden ser versiones muy poderosas. Estas “versiones poderosas” son … Sigue leyendo

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  • Confesémoslo. Se nos ha quedado cara de bobos. En algunos casos las lágrimas corrían por las mejillas. En otros, el lúgubre escenario ha marcado dos días de luto en las casas. Ánimos por los suelos, cabizbajos, la tristeza se ha impuesto tras la campaña de la ilusión. Los términos en los que se ha planteado la victoria no dejaba margen para la derrota. Y éste ha sido el mayor de los errores. La creación de expectativas, desde las encuestas, pero también desde el propio partido en liza, sólo dejaba la opción de la victoria. En un escenario tan volátil, jugar a una sola mano de cartas, es casi apostar a perder. Faltó el efecto sorpresa. El beso a Doménech. El decir las cosas a la cara como Iglesias hizo a Villalobos. Faltó el sí se puede. Faltó la urgencia del momento histórico con la que Podemos crecía a pasos agigantados. Faltó el ritmo urgente de cambio que solo Podemos marcaba y que él solito frenó. La estrategia discursiva evitó la ilusión y confió en afianzar un segundo puesto insuficiente y, claro, ahora que todo ha pasado ya lo sabemos, irreal. La campaña falló. Faltó el efecto sorpresa. El beso a Doménech. El decir las cosas a la cara como Iglesias hizo a Villalobos. Faltó la movilización de las municipales. Y faltó porque falló la campaña. La campaña dirigida a asegurar un segundo puesto apostando por la moderación de un Iglesias enjaulado. Falló a la hora de diferenciarse del resto: querer moderarse tanto le hizo perder a su flanco izquierdo, y no ganar en su flanco derecho. Para moderados, mejor el original que la copia. Podemos ha sido capaz de articular un espacio propio, hay que reforzarlo, sino, corre el riesgo de perderlo. Una de las grandes victorias de Podemos fue, sobre la base de la nueva narrativa impuesta por el 15M y la masa de indignados e indignadas, patear el tablero y situar el centro mucho más a la izquierda. Esa nueva centralidad suponía mover al PP a la extrema derecha y al PSOE lejos de la izquierda que quería recuperar el partido morado. La estrategia de acoso y derribo de Podemos está moviendo, nuevamente, el tablero, pero en el sentido contrario. Y todo tan fácil como otorgar a su líder, Pablo Iglesias, todas las maldades habidas y por haber. Un discurso más blando no iban a parar los ataques, sólo han servido para mostrar debilidad ante el enemigo y asegurar el cambio de tendencia en el discurso de Podemos, gracias al cual, en parte, nos ha traído a encabezar este nuevo escenario político. A toro pasado la críticas arrecian pero hemos de ser conscientes de que si todo hubiera ido como se preveía las estrategias seguidas habrían sido consideradas acertadas. No ha sido así y es necesario analizarlas de forma serena y conscientes de la realidad que hay sobre la mesa. La mayor parte parte del mismo supuesto desde ópticas diferentes: El primero de los análisis cuenta que la unión de Podemos con IU ha descalabrado el proyecto de transversalización de Podemos. El segundo de los análisis que una excesiva transversalización ha descafeinado un proyecto político de izquierdas. Esto podría ser verdad hasta cierto punto, si bien la pérdida de votos de PSOE no parece haberse ido a Unidos Podemos ya que la gran fuga ha sido en el flanco izquierdo. A esta teoría se suman las voces más críticas a la izquierda de Errejón, que lo acusan de impregnar a Unidos Podemos de un exceso de transversalidad, un excesivo acercamiento al centro político que hace dos años habían alejado hacia la derecha y al que ahora parecen acercarse para captar votantes. Las excesivas "tendidas de mano" de Iglesias al PSOE, un debate triste y cabizbajo que no movilizó a sus bases y una contención teatralizada de la figura de Iglesias no ha ayudado a ser visto como una alternativa real al PP. Este enjaulamiento del discurso del Iglesias, que en buena parte ha conseguido alcanzar las cuotas ilusión con las que se consiguieron los ayuntamientos del cambio, unida a la estrategia de desgaste del liderazgo de Pablo Iglesias, es  la que ha triunfado, a mi juicio, en los votantes de derechas pero también en los de izquierda. La criminalización de Unidos Podemos y sus líderes, Iglesias y Garzón, ha calado en las filas del Partido Popular, que ha movilizado a los suyos, también en las filas socialistas, que ha levantado del sillón a sus fieles militantes, pero sobre todo ha desmovilizado a los votantes de izquierdas que han visto en Iglesias un agente tóxico al que no les apetecía votar. Y hay que ser conscientes de lo grave que es esto. La actitud de buena parte de la izquierda de no votar un histórico frente popular en nuestro país por primera vez por cuestionar el liderazgo de Pablo Iglesias es un triunfo del régimen mediático del estado y del consenso del régimen, en el que han participado PP, PSOE y Ciudadanos, que debería estar en el foco de los análisis poselectorales en la izquierda.  Pero cuidado, hay que atajar los términos de derrota de éstas elecciones, si no se corre el riesgo de marcar históricamente en la memoria de la gente que no se puede ganar. Manchar la confluencia por siempre como una derrota no es inteligente, pero tampoco es real: 71 diputados es un buen comienzo para construir nuevas realidades políticas y sociales. Sigue existiendo un espacio político en construcción. El enemigo es grande y los desafíos aún más y estas elecciones solo nos pueden animar a aprender de la caída y volver a levantarnos con más fuerza que nunca. Ahora toca seguir sumando y construyendo. Volver a escuchar a la gente, a los círculos y asambleas. Retomar el pulso de la calle y trasladar las demandas a las instituciones. 71 diputados y diputadas es un logro histórico para una fuerza de cambio en nuestro país, pero, no lo olvidemos, es un hecho singular en Europa. En una Unión que persigue su autodestrucción y que aviva los fantasmas del fascismo, Unidos Podemos es una luz en la oscuridad. Fuera de Europa, la sociedad civil está mirándonos muy fijamente, porque no tienen otro sitio hacia donde dirigir la mirada. El hecho de Podemos es único y debemos mimarlo. No se trata solo de ganar el país, se trata de afianzar un muro de contención ante el oscuro tiempo que nos acecha. Y tenemos la responsabilidad de cimentar ese muro lo mejor posible. Nuestra generación tiene la capacidad y la posibilidad real de abrir cajones y ventanas cerradas durante mucho tiempo y no podemos desistir en el empeño de hacerlo por un simple revés electoral, por doloroso que nos lo hagan parecer. No tenemos derecho a abandonar la lucha por un mundo mejor a mitad de la batalla y mucho menos a abandonar a compañeros y compañeras de viaje por salvar el culo.  

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