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Oriente Próximo, Palestina e Israel

Huelga de hambre: la nueva arma de lucha palestina

El pasado 17 de abril, 1200 presos palestinos iniciaron una huelga de hambre indefinida para denunciar el abuso de la “detención administrativa” por parte de Israel. Pese a los acuerdos firmados ayer entre el estado hebreo y los prisioneros, el Día de la Naqba congregó a miles de personas en recuerdo de los detenidos.

“Juro ante Dios Todopoderoso que voy a seguir esta batalla, la batalla de la dignidad, la libertad y el orgullo, hasta que rompa los grilletes con la voluntad y la fe. Es la libertad o el martirio”. Bilal Thiab tiene 27 años y escribió estas frases en una carta dirigida a su familia la pasada semana. Este joven barbero palestino, natural de Kufr Ra’ey, un pueblo cerca de Jenín, cumplirá mañana su 77 día en huelga de hambre. “Te envío este mensaje desde mi celda en el hospital de la prisión, mientras un intenso dolor y la debilidad invade mi cuerpo. ¡No de hambre, sino de la crueldad de mi carcelero”, afirmaba en su carta.

Thiab no es el primero, pero si el que se encuentra en la situación más crítica. Una huelga de hambre que secunda junto a más de 1.200 presos palestinos que iniciaron el pasado 17 de abril, Día del Prisionero, una protesta masiva de hambre para denunciar el abuso de la detención administrativa por parte de Israel.

Junto a él, su compañero Thaer Halahlel, de 33 años y natural de Hebrón comparte la dramática cifra de días sin ingerir alimento alguno. “Mi querida Lamar, perdóname porque la ocupación me apartó de tu lado, me apartó del placer de ser testigo del nacimiento de mi primera hija. No es tu culpa, este es nuestro destino como palestinos, ser privados de nuestras vidas y de las vidas de nuestros hijos, ser apartados de los demás y tener una vida miserable”. Escribió Halahlel, tan sólo hace unos días, desde el centro médico penitenciario de Ramleh, a su hija Lamar, de dos años de edad. Su abogada, Mona Neddad, de la asociación Addameer (conciencia en árabe) de Defensa de los Prisioneros y los Derechos Humanos en Palestina, pudo trasladar esta carta a su familia.

Ésta es la única vía que tienen los detenidos de contactar con sus familias: las visitas implican una burocracia draconiana y los permisos para cruzar los cientos de checkpoints y puestos fronterizos son muy complicados de obtener. Una vez se disponen de ellos, a los familiares, que nunca serán hombres adultos, les queda un largo trayecto lleno de obstáculos y humillaciones, en los que incluso se tienen que llegar a desnudar para poder ver, por nunca más de 45 minutos, a sus familiares. Tal es la restricción, que a más de 450 presos no se les han permitido el contacto con sus familiares desde 2007.

“Cuando crezcas entenderás cómo la injustica se llevó a tu padre y a miles de palestinos a quienes la ocupación encarceló en las prisiones y en las celdas de las cárceles, rasgando sus vidas y su futuro sin otra razón que la búsqueda de la libertad, la dignidad y la independencia. Sabrás que tu padre no toleró la injusticia y la sumisión y que nunca aceptaría el insulto y la transigencia, y que está en huelga de hambre para protestar en contra del Estado Judío que quiere convertirnos en esclavos humillados sin ningún tipo de derechos o dignidad”, sentenció Halahlel en la carta a su hija Lamar.

Addameer da por hecho que los huelguistas no están recibiendo una atención médica adecuada en las prisiones y además denuncia que el Servicio Penitenciario Israelí (IPS en sus siglas en inglés) niega categóricamente el acceso a médicos independientes por parte de los presos. La organización denuncia igualmente el maltrato continuado al que someten a los detenidos: golpes, privación del sueño, estancias prolongadas en posturas dolorosas, simulación de ahogos, estrangulación, abusos verbales y mentales, sesiones de interrogatorios intensivos, confinamiento en solitario, celdas de aislamiento y registros nocturnos, son solo algunos de ellos. Entre 2000 y 2008, 17 prisioneros murieron por negligencias médicas dentro de las cárceles de Israel.

Israel, por su parte, recibe las críticas de la comunidad internacional con cierta indiferencia. Cientos de organizaciones de derechos humanos, entre ellas Amnistía Internacional, reconoce que en Israel las detenciones administrativas suponen un caso flagrante de violación continuada de los derechos humanos. La Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Navanethem Pillay afirmó, en referencia a la huelga de hambre, que Israel sólo puede utilizar la detención administrativa en “casos excepcionales y sólo por razones imperiosas de seguridad”

El pasado domingo, el Comité Internacional de la Cruz Roja, advirtió de que al menos 6 personas se encuentran en “riesgo inminente de morir”, lo que se traduciría en un gran estallido de protestas y violencia por todos los territorios ocupados de Cisjordania y Gaza.

Por ello, Israel teme una nueva intifada que pueda dar al traste con sus intereses coloniales en la región y despertar las críticas que, tras las primaveras árabes, la crisis en Europa y las elecciones en EE.UU., habían mantenido en segundo plano la gran expansión territorial dentro de las fronteras del 67. En los últimos años, más de medio millón de israelíes consiguieron asentarse en territorio palestino con ayuda del Estado hebreo, que considera los asentamientos legales a ojos de su justicia.

Así la situación, el pasado martes, el representante de los prisioneros palestinos, Qadura Fares, anunció un acuerdo entre éstos y la IPS para poner fin a la huelga de hambre. Dicho acuerdo, que contó con la mediación de Egipto, no implica la libertad de los prisioneros, sino una mejora en las condiciones de vida de éstos en las prisiones israelíes. De una forma vaga, el acuerdo no alcanza a las exigencias de muchos prisioneros, que piden la liberación inmediata, sin olvidar que el asunto legitima una práctica ilegal, como son las detenciones administrativas, según las leyes internacionales.

Entre los acuerdos firmados, se encuentran las visitas de familiares, en primer grado de parentesco, a unos 400 presos de la Franja de Gaza, y la liberación sin cargos de los que hayan cumplido la condena del primer periodo de 6 meses si no se encuentran nuevas acusaciones contra ellos. A última hora de la madrugada de ayer y durante todo el día de hoy, las negociaciones se están realizando con cada uno de los presos. Addameer, denuncia que ésta negociación individual se está realizando sin un abogado independiente presente.

Los acuerdos de Ashkelon (prisión en la que se encuentran un numeroso grupo de palestinos prisioneros), apuntan muchos activistas, solo buscan un objetivo: Desactivar las protestas de ayer, Día de la Naqbah. Para ello, tanto la ANP como el Estado de Israel buscaron desesperadamente un titular que colgar en la prensa internacional, lo suficientemente creíble para la comunidad internacional y, sobre todo, para simbolizar una victoria a dos: La ANP vende el acuerdo como un éxito de negociación e Israel como una pequeña cesión que muestra su misericordiosa solidaridad.

Sahar Francis, directora de Addameer, afirmó ayer que “todo comienza ahora”. “Independientemente de los acuerdos políticos alcanzados, hay que dar seguimiento exhaustivo para el cumplimiento de los mismos”, subrayó Francis durante una entrevista a una radio palestina en Ramallah.

15M, El Desastre se repite

Con las conversaciones en estado de coma político y la huelga de hambre en su máximo apogeo, el ambiente se respira tenso en Ramallah, Gaza o Jerusalén. Muchos palestinos, hartos del rutinario tira y afloja de las conversaciones de paz, y desmovilizados durante los dos últimos años por las divisiones internas entre las distintas facciones palestinas y la normalización de la ocupación en sus territorios, ven en la huelga masiva de hambre un acto heroico que debe corresponderse en la calle.

Y muchos pensaron en el día de ayer para hacerlo. Se celebraba en Palestina el Día de la Nakba (El Desastre), el día después a la declaración del Estado de Israel. 64 años tras éste hecho histórico, todavía es cita obligada de manifestantes y activistas internacionales en los principales puestos fronterizos y checkpoints que recorren todo el territorio ocupado. La fecha, esta grabada a sangre y fuego en la mente de los palestinos y las palestinas que iniciaron un éxodo masivo que acabó convirtiéndose en exilio; pero también en los que se quedaron, que soportan las humillaciones de una ocupación sin fin.

Desde mediodía decenas de manifestaciones fueron convocadas por toda Cisjordania y la Franja de Gaza. Organizaciones como Stop the Wall o el movimiento independiente juvenil Herak Shebabi, marcharon ante la prisión de Ofer, cerca de Ramallah, para pedir la liberación de los presos palestinos y captar la atención de la comunidad internacional. Más de 80 personas fueron heridas durante los enfrentamientos entre el ejército de ocupación israelí y los manifestantes. Alrededor de 600 personas acudieron a la prisión, en la mayor manifestación de protesta ante ésta cárcel israelí, sita en mitad de territorio palestino, que se recuerda.

La llamada tercera intifada no comenzó ayer, como muchos preveían e incluso deseaban. Pero la juventud, que había recibido muchas críticas por su escasa movilización en los últimos tiempos, despertó ayer con fuerza e indignación, tras un largo letargo sumido en la desesperanza y la impotencia gracias a la mezcla de dos temas muy sensibles para los palestinos: la usurpación de sus tierras y los presos. Y es que, desde la guerra de 1967, Israel ha detenido a más del 20% de la población de Palestina, entre ellos 23.000 mujeres y 25.000 niños.

Detención administrativa

En la actualidad, más de 4.600 palestinos se encuentran presos, entre ellos más de 200 niños, según Adameer. Se tratan de presos políticos o de conciencia, algunos, militantes como el mismo Thiab, de la yihad islámica, considerada terrorista por las potencias de occidente e Israel; o los 27 miembros del Consejo Legislativo Palestino. En el último año, se ha duplicado ésta práctica, considerada ilegal de acuerdo a las leyes internacionales, que ya afecta a más del 40% de los varones adultos de los Territorios Ocupados.

Las detenciones administrativas suponen un amargo presente en la vida de los palestinos de Cisjordania y Gaza. Muchos de ellos han sido detenidos en numerosas ocasiones acumulando estancias de hasta 6 años, como fue el caso de Khader Adnan, que tras pasar 66 días en huelga de hambre, fue puesto en libertad sin cargos el día en que sus compañeros iniciaron la huelga de hambre masiva.

Israel utiliza esta figura jurídica respaldándose en las leyes que el Mandato Británico sobre Palestina utilizó durante su periodo colonial. Sin cargos ni acusación, Israel se permite detener a cualquier persona que “pueda suponer un peligro para la seguridad de Israel o de los israelíes” durante 6 meses ampliables sin fecha de fin. Las organizaciones internacionales que trabajan en Palestina lo saben y lo denuncian. El abuso de las detenciones administrativas constituye un castigo colectivo al pueblo palestino. Un pueblo olvidado, que fuera de los focos, clama por su dignidad.

Texto y fotografías, todos los derechos reservados © Javier Díaz Muriana
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Comentarios

2 comentarios en “Huelga de hambre: la nueva arma de lucha palestina

  1. venazuela vive

    Publicado por gabriela | 13/08/2014, 4:30

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