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Palestina e Israel

La agotadora lucha del pueblo palestino

Cada viernes, día del rezo para los musulmanes y comienzo del shabat de los judíos los ánimos se caldean en Jerusalén y, por extensión, en toda Cisjordania. Los puntos más calientes son Hebrón, las manifestaciones semanales contra el muro de Bil’in y Nabi Saleh en Cisjordania y la mezquita de Al-Aqsa en la Ciudad Vieja de Jerusalén.

La construcción del muro del apartheid, como lo llaman en Palestina, trajo consigo un nuevo movimiento de manifestantes hasta las nuevas e ilegales fronteras que Israel trazaba a su antojo. Los comités populares, que nacieron de forma oficial en 2005, aunque ya venían trabajando en acciones desde 2003, buscan la vuelta a los orígenes de los movimientos contestatarios en Palestina, con el estallido de la Primera Intifada. La mayoría de éstos comités populares se unen en torno a Stop the Wall Campaign (STWC), la Campaña Popular Palestina contra el Muro del Apartheid.

A comienzos de septiembre de 2007, Bil’in era una fiesta. La Corte Suprema Israelí había ordenado mover el muro construido por Israel que arrebataban 2000 dunams a los palestinos. -1 dunam equivale en superficie a 1000 m2-. “No estamos convencidos de que sea necesario por razones de seguridad y militares mantener la actual ruta que pasa sobre las tierras de Bilin”, escribió Dorit Beinish, el presidente de la Corte Suprema.

5 años más tarde, cada viernes, entre 40 y 70 personas acuden al pueblo de Bil’in camino hacia el muro. Periodistas palestinos e internacionales, activistas europeos, trabajadores de ONGD, israelíes y hasta turistas curiosos se apresuran a contemplar la desesperada y agotadora lucha de los palestinos.

A lo lejos, en la colina, un grupo de judíos ultraortodoxos de la mayor colonia en territorio ocupado palestinos, Modi’in con cerca de 70.000 personas, ciudad que pretende ser la cuarta en población en Israel, juegan mientras los soldados, a su lado del muro, mastican chicle y disparan a discreción contra los manifestantes.cionales, activistas europeos, trabajadores de ONGD, israelíes y hasta turistas curiosos se apresuran a contemplar la desesperada y agotadora lucha de los palestinos.

La manifestación es pacífica pero comienzan a usar una gran gama de “armas blandas”, entre las que se encuentran las pelotas de goma, chorros de aguas fecales a presión, granadas de gases lacrimógenos y granadas de ultrasonidos.

Los manifestantes más experimentados portan unas máscaras anti-gas. Pronto el humo blanco se acerca y lo ojos comienzan a escocer hasta casi ensangrentar. Cuesta respirar. La gente se aleja, mientras, una chica grita por el altavoz: One, two three, Palestina will be free y Palestina will be free from the river to the sea.

Es una imagen asoladora.

Una lucha agotadora, desesperante y que, a veces, parece resultar inútil.

En medio de la nada, de un campo de olivos, mientras el grupo dividido en tres comienzan a lanzar alguna piedra que tímidamente alcanza sortear la zanja previa al muro, los militares, desde sus seguros puestos de control, miran, fotografían cada cara, cara gesto y graban. Les servirá de prueba para futuras detenciones.


Los soldados tienen prohibido disparar directamente apuntando a los manifestantes, pero ya han sido varios los periodistas y activistas que han sido alcanzados por bolas de goma y granadas lacrimógenas. “Hay que detenerse cuando se escucha el disparo, después, fíjate hacia donde se dirige y cuando lo tengas casi encima, entonces decide hacia donde correr”, aconsejan los más experimentados. Las IDF prueban las armas antidisturbios con los palestinos. Empresas norteamericanas y europeas diseñan nuevos artilugios que son testados en las manifestaciones del muro.

Termina la manifestación casi una hora después. La gente se reúne nuevamente y camina hacia el pueblo. Hace sol, un día espléndido. Nos invitan a comer Maqluba en la terraza de casa. Como un día cualquiera, se ha convertido en tradición acoger a los activistas en casa cual acto de hermandad y solidaridad. Como un día cualquiera, el muro, unos metros más allá, sigue recordándoles bajo el yugo de quién están. Como un día cualquiera, cada viernes acuden a gritan fuerte y alto que tienen derecho a existir y que piensan pelearlo hasta el fin.

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