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Palestina e Israel

Aquí no pasa nada

Una de las cosas más sorprendentes al llegar al aeropuerto de Tel Aviv es que nada te sorprende. La familiaridad recorre cada uno de los rincones de éste aeropuerto y casi de todo el recorrido hasta llegar a Jerusalem. Tras años de consumo de una información parcial y catastrofista, para el ciudadano medio que no profundice en las informaciones sobre el estado de las cosas de oriente medio, embarcarse en un vuelo a a éste lugar le resultará sorprendentemente normal.

Y ese sea, quizás, el problema.
Desde la salida en coche del International Ben Gurion Airport hasta la llegada a Jerusalem el paisaje es muy familiar, muy mediterráneo. En la carretera, los primeros signos de que es un país en conflicto: controles de policía militar armada hasta los dientes. Pero su imagen recuerda más a una terminal de entrada al peaje de una autopista que a la de un verdadero check-point en la que se visualizan las matrículas amarillas – válidas para circular por carreteras /highway/ israelíes -. Mientras tanto, algunas poblaciones árabes se visualizan en nuestro camino a la ciudad santa.
También algunos muros que separan la carreta de ésta poblaciones y unas cuantas torres de control cercanas al aeropuerto. Para cualquier visitante poco avispado y atento a la situación de la región, puede pensar que la paz reina en éste lugar. Los muros, como si se trataran de en cualquier carretera  en occidente, podrían servir para aislar a la carreta de las poblaciones. La intención es toda la contraria: la carretera sirve de nexo de unión entre asentamientos israelíes y conecta las principales ciudades. A su vez, separa en muchas ocasiones, poblaciones históricas de palestinos en varios pedazos. La más invisible de las barreras son las cientos de carreteras que se están construyendo y que son de uso exclusivo de los vehículos con matrículas amarillas.
Una vez en Jerusalem, una mezcla no muy animada de varias religiones, subcostumbres culturales y mezclas esotéricas conviven en un clima de calma tensa. Chavales árabes que mientras corretean y se esconden insultan a un grupo de judíos ultraortodoxos que se hacen fuertes en el barrio judío de la ciudad vieja y en el oeste de Jerusalem y árabes musulmanes que tienen prohibido el paso por el muro de las lamentaciones que está justo debajo de la explanada de las mezquitas, controladas por los musulmanes y en las que el acceso supone un nuevo control de fronteras israelí.
“No es una buena idea visitar la primera noche el Oeste” me dijo la analista política y coordinadora del convenio en el que doy apoyo, Hannady. “Puede crear en tí una visión errónea de lo que pasa aquí. Hay que sensibilizarte, no acostumbrarte a lo bueno”. Y éste es el gran handicap que encuentra los miles de turistas que visitan Jerusalem y tierra santa por primera vez. La normalización de una situación en la que un grupo de la población se encuentra en un escalón muy ínfimo del disfrute igualitario de sus derechos como personas. Normalización que viven también los habitantes israelíes del Oeste de Jerusalem -que rara vez cruzan al Este- y que contemplan el mundo árabe desde una distancia abismal. Esa “ilusión” que crea un imaginario colectivo que hacen ver la atrocidad como razonable y el sentido común como una utopía
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Comentarios

Un comentario en “Aquí no pasa nada

  1. “Aquí no pasa nada | Blog de Javier Díaz Muriana” was a superb read and also I was in fact extremely glad to read the article.
    Thanks for your time,Marilyn

    Publicado por Rodolfo | 31/05/2013, 6:43

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